domingo, 31 de julio de 2016

El mal financiero mundial

Platón y su discipulo Aristóteles condenaban el cobro de intereses. Su razonamiento era muy pueril: aunque pensemos que la filosofía griega era muy sofisticada, la economía de la Grecia clásica no lo era tanto. La economía griega era fundamentalmente agrícola. ¿Y que se observa en la naturaleza? Que juntas un toro y una vaca y nace una ternera. Que siembras 100 kilos de semillas de trigo y obtienes, si todo va vien, 1.000 kilos de trigo. Pero el dinero no es consustancial a la naturaleza, como lo son la vaca y el trigo. Es un producto humano, por lo que no puede reproducirse como las vacas o el trigo. De este modo el cobro de intereses son contra natura por lo que no debe cobrarse dinero por prestar dinero. El dinero no se presta para ganar más dinero, sino entre familiares y amigos, bien en épocas de dificultades o para financiar gastos de lujo en los años de mala cosecha o de otras dificultades económicas. Esta ideología perduró, apoyada por la Iglesia católica, hasta finales de la Edad Media y principios del Renacimiento. También colaboró en el nacimiento de las religiones protestantes, la primera de las cuales fue el luteranismo. Éstas consagraron, por decirlo así, la santidad de la actividades económicas, entre ellas la financiera. Ganar dinero no iba en contra de Dios. La Iglesia católica, como siempre ha hecho, dio al final su brazo a torcer para que su influencia sobre las conciencias no terminara súbitamente. Pero volvamos a la actualidad.

En las últimas décadas la liquidez mundial ha crecido exponencialmente. Producir ya no es negocio, o ya no lo es tanto como era antes. Ahora el negocio consiste en explotar el mismo dinero (ponerlo a rendir, como dicen los especuladores).

Las perspectivas del crecimiento mundial se han reducido medio punto porcentual. Las causas de un fenómeno como este se debe a múltiples factores, pero uno de ellos puede ser el exceso de liquidez.

¿Es el sector financiero una de las causas principales de la disminución del crecimiento de la economía mundial?

Tradicionalmente se ha definido la actividad financiera como el canal que pone en comunicación los que ahorran con los que desean gastar por encima de sus ingresos. Desde este punto de vista la actividad financiera ha sido clave en el desarrollo del capitalismo hasta tal punto que sin la primera el segundo hubiera sido un enano. Pero en las últimas décadas ha pasado algo que tergiversa esta visión del sector financiero. El sector financiero se ha convertido en un fin en sí mismo. Los márgenes bancarios tradicionales se han estrechado tanto que la rentabilidad del sector en la actividad financiera tradicional ha prácticamente desaparecido. Esto llevó al sector a buscar los beneficios a través de lo que genéricamente conocemos como especulación. Pero la especulación tradicional, es decir, comprar a 100 para vender a 200 no servía, pues es muy arriesgada. Cuando uno compra a 100 no sabe a como va a vender, si a 200 a a 2.

El sector financiero buscó crear su propio campo de acción: productos derivados creados a través de innovaciones financieras. Estos son las opciones, los swaps, las permutas, los contratos a futuros de comodities. Como consecuencia de la evolución de ese fenómeno de financiarización, entre 1980 y 2014, los activos financieros a nivel mundial se expandieron de 12 billones a 294 billones de dólares. Pos supuesto, ha crecido mucho más que la economía global.

En el mismo periodo, los contratos de derivados pasaron de un billón a 692 billones de dólares, una suma fabulosa, sin antecedentes en la historia, que implica que han pasado a representar cerca del 70% de los activos financieros a nivel global. Más aun, los derivados cuyo valor era cercano al PIB mundial en 1980, pasaron a representar 10 veces el valor de la capacidad mundial de generación de riquezas a partir de la segunda mitad de la década del 2000. No hay pues, falta de liquidez, sino más bien exceso.

El lector se preguntará cual es el problema.

El problema radica en que la liquidez del sector financiero no va a parar a la financiación de la actividad productiva con el objetivo de aumentarla, sino al mismo sector financiero. De este modo se ha creado una actividad financiera ficticia que se alimenta a sí misma. Los ingentes beneficios conseguidos en este sector se invierten mayoritariamente en el mismo sector.

Como consecuencia del predominio de un modelo de financiarización de la economía global, desde el 2007 hasta el 2014, la deuda pública mundial, en lugar de disminuir, se ha incrementado en 60 billones de dólares de un total de 200 billones. Gran parte de esa deuda es pública, así que los estados han estado, conscientemente o no, colaborando con este desmesurado crecimiento de la deuda pública. A pesar de la retórica antidéficit y antideuda de los líderes europeos de la derecha, los estados europeos están endeudados en un 80% de promedio de su PIB, y su endeudamiento ha crecido en la última década. En la práctica solo han actuado cuando los estados han vivido por encima de sus posibilidades, como en el caso de España, Grecia, Irlanda y Portugal, es decir, cuando se han pasado unos cuantos pueblos y la situación se les ha escapado de las manos y ya no podían dominarla. Este aumento de la deuda pública, sin duda, ha echado gasolina a la hogera, pero no es el único factor, pues el mismo sector financiero ha creado instrumentos financieros en los que especular.

El escaso crecimiento de la economía mundial se debe a varios factores, pero uno de ellos, y de los primeros, es éste. Podríamos resumirlo en una sola frase: mientras sobra dinero para especular, escasea el dinero para invertir en actividades productivas.

¿Cómo poner coto a esta actividad especulativa? La respuesta es difícil, pero es necesaria la colaboración de los principales países del mundo.

POSTDATA: Hay otras explicaciones alternativas muy populares pero que inciden mucho menos de lo que la gente común se piensa, auqnue han sido una de las cuasas del triunfo del brexit y, será, si los votantes no lo remedian, una de las principales causas del hipotético triunfo de Donald Trump: los inmigrantes nos roban puestos de trabajo, y las exportaciones decaen mientras que las importaciones aumentan. Ambas explicaciones, complementarias al cien por cien, se resumen en una sola frase: los extranjeros nos roban lo nuestro. Es una explicación mucho más fácil de entender que la expuesta en esta entrada; por eso tiene tanto éxito.

Algo de verdad hay en esta explicación tan simplista: la globalización y el libre comercio han sido en parte un fracaso en los países desarrollados, pero ya dijimos que la explicación del fenómeno es multiple. Las industrias que se han trasladado de los países desarrollados a los países subdesarrollados son industrias intensivas en mano de obra que pagan unos salarios ínfimos. Un trabajador indio cobra de uno a tres dólares diarios por jornadas de diez a doce horas, sin seguridad social, sin seguro de accidentes, sin indemnización por despido, sin vacaciones pagadas. Además hay niños de escasamente diez años trabajando cobrando aún menos. Intentar recuperar esas industrias para Europa o los Estados Unidos es de imbéciles (además de imposible). Los estadounidenses se quejan de que los que menos cobran tan solo cobran entre siete y ocho dólares por hora trabajada. En una jornada de ocho horas cobran un máximo de 64 dólares, diez veces más de lo que cobra un indio. Así no se consigue Make America Great Again.

La verdadera alternativa es financiar una educación pública de calidad, elevar el nivel educativo de los ciudadanos y financiar proyectos de investigación que aumenten la productividad general de la economía. Desde hace dos décadas se habla mucho de competitividad, pero no de productividad.

Nunca fui muy partidario del librecomercio a ultranza, y quizás Hillary Clinton haga bien en denunciar los exagerados tratados comerciales (Leer Los demócratas reniegan del tratado comercial estrella impulsado por Obama). Pero de ahí a elevar las tarifas arancelarias, tal como pretende Trump y pretendía Bernie Sanders si ganaba las primarias demócratas, hay un abismo. La vuelta al proteccionismo siempre ha ido mal. La historia tiene sus lecciones: Ley Hawley-Smoot de 1930.

No hay comentarios:

Publicar un comentario